Mónaco. El Principado del motorsport. La prueba automovilística por excelencia. Un Gran Premio marcado en el calendario por todo aficionado racing. Una carrera única en el mundo, dónde las laberínticas calles de Montecarlo se convierten en el trazado perfecto para que una veintena de pilotos pongan en práctica su destreza en la joya de la corona del motorsport.

Mónaco te lo da todo. Pero también te lo puede quitar. El más mínimo error o la menor distracción hacen que el monoplaza acabe contra las barreras, situación habitual dada la estrechez del trazado, los baches del asfalto y su superficie deslizante. Sin embargo, estas características son las que hacen que una victoria en las calles de Montecarlo sea uno de los triunfos más laureados por un piloto. Ser primero en Mónaco es mucho más que ganar. Es tocar la gloria y saborearla. Es cumplir un sueño. Es hacer historia.

Una conquista tan recordada como la primera vez que pisas el Principado y tu cuerpo se llena del espíritu racing. A Mónaco hay que ir, al menos, una vez en la vida. Sobre todo si eres aficionado al motor. Pasear por sus calles, recorrer parte del trazado en coche, sentir la emoción de bajar hacia Loews y hacer la mítica curva, entrar y salir del túnel, llegar a la zona de la Piscina, y simular cruzar la recta de meta. No hay sensación más poderosa que estar al volante de tu coche y recorrer los puntos claves del trazado.

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Llegar a Mónaco es muy sencillo y lo puedes hacer de diversas maneras, aunque la más auténtica será llegar por carretera desde Niza, ya vayas en coche o en moto. El Principado está a escasos 20 kilómetros de la ciudad francesa, a media hora si vas por autopista -la opción más rápida-. Enclavado en el Sudeste de la Costa Azul y bordeado por los Alpes Marítimos Franceses. Su geografía rocosa hace que el Principado sea un subir y bajar, con la Roca de Mónaco (Rocher de Monaco) como punto elevado de esta ciudad-estado y dónde se respira la esencia monegasca, la alejada del glamour.

Las calles son tuyas

Si llegas a Mónaco por carretera, aprovecha para, nada más entrar, hacer un par de vueltas de reconocimiento. Tantea el terreno. ¡Ya buscarás aparcamiento más tarde! Ha venido hasta aquí para disfrutar de la experiencia al completo, así que no debes perder ni un minuto. Saborea el primer contacto con las calles que han hecho historia en el motorsport. Sube por Santa Devota, camúflate entre los Bentley, Rolls Royce, Ferrari y Lamborghini al pasar por el Grand Casino de Montecarlo, coge velocidad y baja hasta Mirabeau, da golpe de gas y afronta la magnífica Loews, entra en el túnel, llega a la rápida zona de la Piscina y enfila la Rascasse. Todo en un subidón de adrenalina que te hará ponerte en la piel de los pilotos.

Eso sí, ten en cuenta que no podrás hacer el trazado de Fórmula 1 por completo ya que, por ser urbano, el sentido y las direcciones de las carreteras así como las normas de circulación hacen prácticamente imposible dar una vuelta al circuito tal y como lo conoces. Así, y aunque sea con ruta ‘modificada’, pasarás por la mayoría del trazado a excepción de la zona del Puerto sin pasar por Beau Rivage y la Nouvelle Chicane, uno de los puntos clave dónde los pilotos pueden adelantar en las calles monegascas. Una vez has saciado tu espíritu racing, busca aparcamiento, baja del coche y muévete a pie por el Principado. Si no te quieres complicar, en la entrada del túnel, a mano derecha, tienes un parking desde dónde podrás recorrer las calles sin pérdida alguna. Y además, ¿a qué mola decir que has aparcado el coche en el Túnel?

Empieza la diversión

Tu siguiente punto de interés está, ahora sí, hacia arriba, camino a la Place du Casino. A pie, verás que el recorrido que sigues es contrario al trazado habitual de Fórmula 1. ¿Verdad que es mejor comparar los dos sentidos de circulación? Nada más empieces a caminar te darás cuenta que estás a escasos metros de llegar a la curva más mítica del motorsport. La curva que describe tu pasión por el mundo racing. ¡Loews! Eso sí, camina por la acera y vigila si quieres cruzar porque esta carretera es de doble sentido. ¿Mi recomendación? Párate justo delante del cartel que indica que estás en ‘Fairmont Hairpin, the world’s most famous bend’ y disfruta viendo cómo los coches encaran la curva, cómo bajan y suben pasando por Loews. Aunque no haya Gran Premio, éste es un sitio excelente para ver cómo los deportivos de lujo queman neumático o embrague y presumen de caballos ante los turistas que, como tú, se miran tal espectáculo.

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Una vez arriba, llegas a la Place du Casino. Sí. Aquí te espera el imponente edificio de estilo Beaux Arts, con su glamour y los súper coches de lujo aparcados en la puerta. Rolls Royce, Bentley, Ferrari, Lamborghini, Aston Martin, Maserati… todos te dan la bienvenida a este punto tan emblemático de la ciudad. Al glamour del Casino se une el lujo y la elegancia del Hotel du Paris, reservado para las grandes fortunas. aunque puedes admirar su fachada de estilo Belle Époque y los coches de alta gama aparcados en su puerta. En pocos lugares verás tantos súper deportivos juntos en un mismo espacio… ¡y a tanta gente fotografiándolos!

De la Place du Casino, dirígete a la oficina de Turismo, a un par de minutos de aquí. Hazte con un mapa y que te selñalen cuáles son los sitios más destacados para ver en el Principado. Sin duda, no faltarán el Jardín Japonés y Monaco Ville. Mapa en mano, es momento de bajar de nuevo hacia el Túnel y buscar sitio para comer. Si tu presupuesto no se ajusta a los excesos monegascos, don’t worry! Si te fijas bien, comprobarás que hay precios más asequibles que otros (¡para ser Mónaco!) y que una pizza en un restaurante modesto ronda los 16-18 €. Pero si quieres ir a lo seguro, tienes un McDonald’s justo antes de la entrada del Túnel, y a precio estándar. Obviamente, no serás el único que ha optado por las hamburguesas en su día en Mónaco…

De turista por Mónaco

Con el estómago lleno es momento de volver a ponerse en marcha. En dirección contraria al Túnel (luego pasarás por él) te espera el Jardín Japonés, un espacio verde de 7.000 m2 que te transporta de inmediato al país nipón. Y es que parece surrealista que, rodeado de altos apartamentos y edificios, exista un oasis zen completamente ambientado con cascada, arroyo, puentes e incluso truchas. Sin duda, uno de los sitios más desconocidos de Mónaco pero más atractivos e impactantes del Principado. Tras este momento de relajación, toca volver a la ‘civilización’ y atravesar uno de los puntos más destacados de nuestra ruta racing: el Túnel.

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Caminar por sus casi 300 metros te hace imaginar cómo de rápido pasan por aquí los monoplazas y comprobar cómo afecta a los pilotos el cambio de iluminación, especialmente en la salida del túnel. Como ya hiciste en Loews, aquí en el Túnel te pararás, te girarás y seguirás con la mirada todos los grandes deportivos que se dejan ver y oír. El espíritu racing es poderoso y atrapa a los conductores que, al volante de potentísimos coches, se creen pilotos por un día.

Saliendo del Túnel, y como ya te he avisado, el trazado que tienes en mente cambia. La bajada hacia Nouvelle Chicane pasa desapercibida, razón por la que llegarás casi directo a la zona de la Piscina y, de ahí, al Puerto en su máximo esplendor. Es aquí dónde te espera una de las postales más glamurosas de Mónaco, dónde el glamour y el lujo cobran vida. Y es que los yates más grandes, más ostentosos y más pomposos están atracados aquí. Con un poco de suerte, y si echas mano de Google, podrás averiguar qué adinerados personajes han venido a Mónaco por mar. Y, sobre todo, te imaginarás la ubicación del Pit-Lane, el carril de boxes y el edificio de dirección de carrera. Pasa por la Rascasse y sigue hasta prácticamente la línea de meta, en el Boulevard Albert 1er. Párate ante el Automobile Club de Mónaco y admira parte de la historia del motorsport en el Principado desde los trofeos de Louis Chiron hasta las insígnias del Rallye de Montecarlo.

Un cuento de princesas

Aunque no te lo parezca, Mónaco es más que Fórmula 1, deportivos de lujo y glamour. El Principado esconde su encanto más histórico y principesco, casi sacado de un cuento de Disney, en el distrito Monaco-Ville. Para llegar, pondrás a prueba tus piernas ya que deberás subir hasta lo más alto de la Roca. Eso sí, mientras subas, disfrutarás de una vista privilegiada del Puerto y de los apartamentos, una de las postales más típicas del estado. Una vez arriba, llegas a la Plaza del Príncipe. A mano derecha tienes el Palacio del Príncipe o Palacio Grimaldi, la residencia oficial del Príncipe de Mónaco. A mano izquierda, te esperan las encantadoras y estrechas calles del centro histórico del Principado. Pasea, entra a las tiendas, tómate un helado y admira sus envidiables zonas verdes.

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Entra a la Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, la Catedral de Mónaco, y verás que no has entrado a una catedral habitual. Todo lo contrario. Su arquitectura, las diversas capillas y sus dos pisos de arquerías hacen que te parezca más un el interior de un castillo de cuento de princesa que un templo religioso. Aquí, en el lateral izquierdo del altar, están las tumbas de los difuntos reyes: Grace Kelly y Rainiero. A escasos metros de la catedral y a mano izquierda, el imponente Museo Ocenográfico domina el mar.

Tras pasear por Monaco Ville, tu última parada está en Fontvieille, el más nuevo de los cuatro distritos construido en terreno antes ocupado por el Mediterráneo. Tanto si es a pie o en coche, aquí tienes el Stade Louis II -campo del AS Monaco FC- y las residencias de buena parte de la parrilla de Fórmula 1. Y es que, como ya sabrás, muchos de los pilotos del Gran Circo tienen fija su residencia en el Principado.

Mónaco te atrapa. Ya sea si sólo estás unas horas, un día o varios. Mónaco no deja a nadie indiferente. ¿Cómo un país tan pequeño puede tener tanta historia de motorsport y ser una leyenda? Las calles de Montecarlo viven la emoción de las carreras, un sentimiento que te atrapa cuando llegas y te dibuja una sonrisa tan duradera como las horas que allí vayas a pasar. Pero Mónaco respira también su propia historia, un auténtico cuento de príncipes y princesas que se palpa en Monaco Ville. Mónaco hay que vivirlo. Mónaco será tu próximo destino.

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