La vida es bella pero, a veces, cruel. Es injusta con aquellos que deja al alcance de la muerte, una sombra negra que llena de tristeza y dolor la vida de los que se quedan. Esquivar la muerte es vivir. Es crecer, disfrutar y cumplir sueños.

Por ello, todos pensamos que tenemos toda una vida por delante pero, en días como hoy, con la celebración del funeral de Jules Bianchi, nos damos cuenta que lo importante de la vida es eso: vivirla. Aprovechar cada día, hora, minuto y segundo para ser fuertes e intensos en nuestra rutina cotidiana.

Nadie espera la llegada de la muerte. Ni la espera ni quiere encontrársela. Cuando llega, su paso es arrollador. Y aún más cuando se lleva a una persona joven. Puedes luchar y ganar. Puedes combatir y perder. Y entonces, ¿qué queda? Dolor. Un lamento que se hace más intenso cuando la vida arrebatada es la de un joven piloto de 25 años.

Jules Bianchi siempre fue un luchador. Piloto con talento y carisma que se ganó el reconocimiento del motorsport con su pilotaje y saber hacer al volante de un monoplaza. Una vida dedicada al automovilismo. Su habilidad como piloto le tenía destinado un futuro prometedor, una carrera brillante en la Fórmula 1. Era la nueva joya de la corona. Una joya brillante. Pero una joya que desafortunadamente empezó a apagarse tras el Gran Premio de Japón de 2014.

Bianchi se mantuvo en la lucha nueve meses. Un tiempo en el que todos vimos señales de ese combate, incluso pequeñas victorias. Sin embargo, su fuerza se debilitó y la muerte le cogió ventaja. La intensa resistencia del francés acabó el sábado de madrugada. Y nos dejó tristeza, pena y dolor por su adiós. Melancólica despedida.

La historia recordará a Bianchi. El gran piloto que deslumbó, aún más, por su heroica actuación en el Gran Premio de Mónaco 2014 y sumar dos puntos al volante del Marussia. Una hazaña digna de los más grandes de la competición. Una gesta imborrable en nuestra memoria.

Dicen que de todas las situaciones y experiencias se debe aprender. Y ésta no será un caso excepcional. Los dirigentes de la Fórmula 1 deben revisar y mejorar la seguridad en los circuitos: barreras, grúas, coches de seguridad, estado de la pista… todo debe estar controlado para que la única incógnita en un Gran Premio sea el nombre de su vencedor. ¿Por qué no aparcamos las encuestas de cómo ser más atractivos y espectaculares y nos centramos en ser un deporte más seguro?

Son días tristes para la F1. Días muy, muy tristes para la familia y amigos de Bianchi. Días tristes para aquellos que tuvimos el inmenso placer de compartir momentos con el francés, por muy cortos y fugaces que fueran. Su sonrisa permanecerá. Su talento y pilotaje quedará en la historia de la competición. Abatidos por tu pérdida sólo queda decirte ‘au revoir, Jules’.

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