Hay días que parece que nunca llegarán. Los ves lejos, muy lejos. Casi improbables de que sucedan. Y de repente, sin saber muy bien cómo, llegan. Y pasan. Y hoy, hoy es uno de esos días que parecían muy lejanos… Hoy, Fernando Alonso se ha despedido de la Fórmula 1. ¿Para siempre? No lo sabemos pero, de momento, eso parece. Aunque también dicen que es un ‘hasta luego’, que no es un adiós definitivo. Sea como sea, el bicampeón del mundo ha cerrado hoy en Abu Dhabi una increíble etapa de 17 años en el Gran Circo. Casi dos décadas que le han llevado a lo más alto de la categoría reina. A saborear las mieles del éxito, a sumar podios, a contar victorias, a saborear el champán de los campeones. A ser dos veces campeón del mundo. ¡Dos veces!, se dice pronto… 17 años de luces, pero también de sombras. De años de aprendizaje e incertidumbre, de desesperación e impotencia, de ver que las victorias son efímeras, y muy largas las caídas. Tan agonizantes, tan interminables, a veces…

Cuando llega el final de una etapa, cuando uno se va de un lugar en el que ha estado a gusto, siempre se queda (nos quedamos) con lo bueno. Y eso nos pasa hoy a muchos de los aficionados no sólo de Fernando Alonso sino de la Fórmula 1 en general. Hoy se recuerdan las alegrías, las Pole Position, los podios, las victorias, los madrugones dulces de los domingos, los adelantamientos de libro, las batallas en pista, la afición coreando tu nombre allí dónde estuvieras. Hoy recordamos esa primera Pole y ese primer podio de Malasia 2003, ese primer triunfo el mismo año en Hungría, el Mundial de 2005 y 2006, la primera victoria con Ferrari en Bahréin 2010, el triunfo en Valencia 2012, y la última victoria, en el Circuit de Barcelona-Catalunya en 2013… Momentos muy buenos que se saboren mejor cuando, inevitablemente, se recuerdan los días grises. Los triunfos que se escaparon, los campeonatos que no fueron, las luchas perdidas, los desafortunados abandonos, las reiteradas retiradas de los últimos años… Bueno y malo. Malo y bueno. Todo se recuerda. De todo se aprende. Todo queda en la historia.

Casi dos décadas después de su debut en Australia 2011 con Minardi, hoy Alonso se ha despedido de la categoría que le ha visto convertirse en uno de los mejores pilotos de la historia. Que le vio brillar en 2005 y 2006 como el mejor de todos. Que le ha visto emocionarse, que le ha visto gritar de euforía aquel “Toma. Toma, toma, toma” que tan buenos recuerdos nos trae. Y que parece que fue ayer pero han pasado ya 13 años. El tiempo pasa pero ¿quién no sigue emocionándose todavía?

Emociones que, seguro, seguirán llegando. Porque Alonso no se retira. Su carrera de piloto no acaba aquí. Se va de la Fórmula 1, sí. Pero no es el final. Al asturiano le esperan grandes retos por cumplir para llegar a ser, como él dice, “el piloto más completo del mundo”. De momento, le esperan tres desafíos apasionantes: las tres últimas pruebas de la ‘súpertemporada’ del WEC, las 24 Horas de Daytona y las 500 Millas de Indianápolis. Y precisamente es este el triunfo más deseado por Alonso. Conseguirlo para lograr, así, la Triple Corona. Un hito que solo Graham Hill posee… y al que Fernando quiere acompañar en tan digno palmarés.

No es un final. Es un punto y seguido. Fuera de la F1, en otro entorno, en otro ambiente, en otros circuitos, a los mandos de otros coches. Pero siempre con la ilusión del primer día. Esa ilusión que contagió a miles de personas y les acercó a las carreras cada domingo por la tarde. Ahora, otras pruebas esperan. Otros retos, nuevos desafíos. Por todo lo que nos has dado, y por todo lo que nos seguirás dando… Gracias Fernando.

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